Mamush acababa de cumplir once años la primera vez que viajó a Addis Abeba. Hasta entonces nunca había salido de su pequeña aldea Hadiya, aunque sabía por los abuelos que Etiopía era un país inmenso del que debía estaba orgulloso de pertenecer. Salieron antes de que amaneciera y como no tenían coche, ni bicicleta, ni siquiera burro, alcanzaron la carretera a pie. Una vez allí, esperaron a que alguien pudiera recogerlos y conducirlos a la capital.
Estuvieron tres días fuera de casa y Mamush, de contento que estaba, no pudo dormir ni un solo día bajo el cielo nocturno de Addis Abeba. Caminaron hasta agotarse por las calles del Merkato, compraron aceite de eucalipto en una pequeña tiendecita a los pies del monte Entonto y Mamush ganó varias veces a sus primos en las carreras que organizaron alrededor de la plaza Meskel. Durante esos días, Mamush se convirtió en el niño más feliz de todo el planeta.
Sin embargo, la última tarde que pasaron con los familiares de Addis Abeba, pasó algo que puso al niño pensativo y triste. Su tío, que había prosperado mucho desde que montara un humilde comercio de plata, les llevó a una cafetería en Piazza. Ellos nunca habían estado en un lugar como aquel, y cuando entraron, los ojos de Mamush crecieron y crecieron al descubrir, al fondo del local, una televisión colgada de la pared y casi tan grande como la puerta de entrada. El niño reía sin parar, emocionado y nervioso al mismo tiempo. Pensaba que cuando contara aquello a sus hermanos y amigos, no podrían creerle. Aunque era imposible entender ni una sola palabra, Mamush no podía dejar de apartar su mirada curiosa del aparato, sus ojos enormes, llenos de ilusión, abarcaban toda la pantalla. Pero de repente, su mirada llena de luz empezó a apagarse y sus párpados se inclinaron entristecidos, como queriendo escapar de su cara… Imágenes de su país, en un documental europeo, mostraban un lugar desértico, pobre, un lugar sin vida sembrado de sufrimiento. Un lugar oscuro donde los niños caminaban por las calles descalzos.
Regresó a su casa sin fuerzas y decepcionado. Cuando le preguntaron por su viaje se encogió de hombros y sentía que en su aldea, desde su regreso, todo transcurría más lentamente, como mezclado con un aire denso que impedía que la vida fluyese como antes.
Una tarde, mientras su madre preparaba injera para la cena, lo vio sentado en la entrada, con la mirada perdida y los brazos caídos, como derrotado. Preocupada se limpió las manos y en silencio se sentó al lado su hijo. Los dos permanecieron así, inmóviles, hasta que se llegó la noche. Fue entonces, cuando empezaron a encenderse las luces en el interior de las casas y a escucharse la voz de los niños después del juego, cuando Mamush le contó con horror a su madre su última tarde en la ciudad. “Mamá – le dijo- he descubierto que Etiopía no es un buen lugar para nosotros”.
La madre, que comprendía y compartía el dolor en el corazón de su hijo, se acercó a la casa y regreso junto al niño. “Quiero – le dijo- que cojas este saco vacío y que guardes en su interior una hoja de acacia por cada cosa buena que tenga nuestro país. Si antes de una semana consigues llenarlo, significará que Etiopía es un buen lugar para nosotros”.
Cuando Mamush miraba el saco de tef pensaba que era demasiado grande para llenarlo de hojas, que tardaría toda una vida en encontrar tantas razones para quedarse en Etiopía. Aún así, no quiso desobedecer a su madre y a la mañana siguiente se acercó a la acacia de la entrada y comenzó a recoger sus hojas caídas. Metió una primera hoja en el saco por la dignidad del rostro etíope, una segunda por el Arca de la Alianza, la tercera por el café y la cuarta por el Nilo Azul. Las iglesias escavadas en la roca Lalibela merecieron once hojas y otras cinco los obeliscos de Axum. Durante días la ceremonia del café, las montañas del Norte, las tribus del sur, el Nilo Azul, el Omo y el Awasa, los Parques Nacionales de Simien, Gamella y los Montes de Bale, el babuino Gelada, el Lago Tana y sus monasterios, los castillos de Gondar, la injera, el Doro Wat, el Tibs y el Berbere, el Timkat y la Batalla de Adwa, el olor a eucalipto del Entoto en temporada de lluvias, la sonrisa de los niños, la serenidad de las mujeres y la vida de las calles fueron completando la tarea de Mamush.
El niño trabajaba mañana y tarde llenando la bolsa, y cuanto más pesada era con más alegría la llevaba el niño de un lugar a otro, emocionado y muy atento para no olvidar nada fuera.
Cuando al tercer día vio que el saco estaba completamente lleno no lo pudo creer, saltó, rió y salió corriendo hacia su madre, que lo espera paciente mientras lavaba la ropa…. Dio vueltas a su alrededor gritando “ ¡lo conseguí, lo conseguí, Etiopía es un buen lugar para nosotros!”” Abrazó y besó a su madre agitadamente, y después regresó a por su saco de tef, repleto de hojas, y puñado a puñado las fue lanzando al aire mientras animaba a los otros niños a compartir con él la alegría de haber nacido en Etiopía. Las hojas de acacia volaron como pompas de jabón y alcanzaron todos los rincones de la aldea. Hombres, mujeres y niños, conmovidos por la emoción de Mamush, salieron a participar de la fiesta y juntos sumergieron sus manos en el saco de tef y arrojaron con fuerza sus puños al cielo para que las grandezas de Etiopía pudieran llegar lejos. La aldea permaneció durante horas cubierta de una cortina de hojas verdes que caían del cielo a borbotones, como el agua en temporada de lluvias.
Cuando el saco estuvo vacío los ojos de Mamush volvieron a estar repletos de vida. Sólo una pequeña hoja, aún tierna, quedó atrapada en la bolsa. Una hoja que el niño guardó en el bolsillo de su pantalón para no olvidar nunca lo que ese día había ocurrido en su pequeña aldea Hadiya al sur de Etiopía
Texto de Cristina Minguez Aguilar
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40 comments
Cris - 7, mar, 2013
muy muy bonito!! Felicidades!!!
Gema - 20, ene, 2013
Iba a presentarme al concurso pero es imposible que pueda escribir un relato más hermoso que éste.
Es un canto de amor a Etiopía.
Voto por él.
Un saludo.
Encarna - 8, sep, 2012
Tu relato me ha llenado de emocion y orgullo por mi pais adoptivo, espero saber trasmitirle a mi hijo tan bien lo que Mamush nos enseña.
Ricardo - 20, ago, 2012
Me ha parecido estupendo, enhorabuena.
helena - 23, jul, 2012
viajaré este verano como voluntaria a etiopia y mamush me ha mostrado este cautivador país… voy a traerme mi propio saquitos de hojas..
teresa - 8, jun, 2012
ES UNA HISTORIA EMOTIVA ,INTELIGENTE Y PRECIOSA….MI VOTO
María José - 5, jun, 2012
Me ha encantado, es precioso y donde se valora mucho lo maravilloso que tiene esa tierra tan maravillosa llamada Etiopía. Está escrito con el corazón y has sabido transmitirlo claro. Muy bueno.
Celia - 10, abr, 2012
Además de todos los piropos que merece, uno más, ¡parece escrito por una etíope! Gracias
Nuria - 21, mar, 2012
Preciosa historia, emocianante de principio a fin.
Eva - 16, mar, 2012
Sí, es muy bonito, muy positivo y muy alegre.
Silvia - 15, mar, 2012
Hermoso!!! Gracias!
Sofía - 14, mar, 2012
Me parece que este concurso no ha podido comenzar con mejor relato, Cristina.
Una redacción impecable, a la vez que sencilla, una narración emotiva y envolvente que engancha de principio a fin, y lo más importante, creo que no se puede contar “tanto” en “tan poco”.
Mi mas sincera enhorabuena.
Clara - 14, mar, 2012
Es precioso, original. Qué forma más bonita de hacer ver a mi hija lo orgullosa que debe estar de sus orígenes. Felicidades a la autora. Mi voto para ella.
Pepa - 13, mar, 2012
Muy bonito. Yo he estado en África, no en Etiopía pero sí en Namibia, Zimbawe y Botsuana y la conclusión que saqué de sus gentes es que más valía tener poco y ser felices que tener mucho y ser infelices. Muchos de nosotros debemos valorar menos lo meramente material y disfrutar más de la amistad y de la familia y de las pequeñas y maravillosas cosas que nos rodean. Espero conocer Etiopía como vosotros.
Yohanes, Api y Sandra - 13, mar, 2012
Se lo he leído a mis hijos que nacieron en Addis Abeba y nos ha gustado mucho (rectifico, muchísimo). Gracias y sigue escribiendo estos cuentos tan bonitos
MJB - 13, mar, 2012
Muy bonito cuento, como suele pasar siempre creemos que lo de otros es mejor.Espero que mis futuros nietos se sientan igual de orgullosos de su país cuando crezcan.
Monica - 13, mar, 2012
Me ha encantado!!! bravo Mamush!!!
Silvia - 13, mar, 2012
Gracias por hacernos ver la realidad!!
anunci - 13, mar, 2012
Es muy tierno y además, con este relato haces que vuelva a nuestros días de ensueño allí.
)
Gerardo - 13, mar, 2012
Me ha gustado muchísimo, es una historia relatada de forma muy sencilla, pero llena de sentimiento, reflejando la gran verdad sobre Etiopia , que no es solamente lo que sale por la tele.
Yo tengo muchas ganas de volver Etiopia.
Mª Eva De Blas Fernández - 12, mar, 2012
Perfecto!!!!!!de una ricura insuperable.
slopez - 12, mar, 2012
Muy bonito y emocionante el relato. Mi voto.
Metike y María José - 12, mar, 2012
Es precioso. No sólo me ha gustado, sino que me ha emocionado. Porque es verdad, Etiopía y su gente no es sólo las imágenes de los documentales. Es mucho más. Podríamos llenar no uno, sino muchos sacos de tef. Enhorabuena y gracias por el relato.
alicia - 12, mar, 2012
Que historia tan bonita …me encanta ….sin duda alguna etiopia va dentro de nuestros corazones .
solete - 12, mar, 2012
Me parece un buen relato. Felicidades, Cristina!!
Jose Carlos Rosales - 12, mar, 2012
Preciosa historia tienes mi voto
Encarni Aldeano - 12, mar, 2012
Me ha parecido muy bonito y emotivo. Gracias por ese relato
Bego - 12, mar, 2012
Como me gusta Cristina, la historia y tu forma de contarla. Enhorabuena!
Isabel - 12, mar, 2012
Un cuento muy bonito, se lo he leido a mi hija esta noche para dormir y nos ha encantado. Gracias
Carmen - 12, mar, 2012
Me ha encantado el mensaje tan postivo y optimista que transmite!
Ana Blanco - 12, mar, 2012
Precioso, me he emocionado, me ha hecho sentir el orgullo de pertenecer en el corazón a este país. Gracias
Zoe Lendaye - 12, mar, 2012
Cristina, me ha encantado tu relato… Etiopía ese lugar maravilloso que atrapó mi corazón, gracias por recordármelo con tu maravilloso relato…Besos a todos
Pepo - 12, mar, 2012
Hermoso y emotivo texto. Sugerente, descriptivo y con un mensaje difícil de entender para mucha gente, y sin embargo tan real.
Meri - 12, mar, 2012
Enhorabuena! El relato es precioso y la forma en que está escrito es dulce y cálida. Me ha gustado mucho!
MABEL - 12, mar, 2012
Me ha atrapado hasta el final, he podido ver a Mamush en su aldea.
Paco Carrión - 12, mar, 2012
Bonito relato, bonito cuento. Orgullo etíope porque pese a todo lo malo que podemos conocer Etiopía tiene mucho que “meter al saco de lo bueno” mucho que ver y contar. Gracias Mamush.
CRISTINA - 12, mar, 2012
bonita historia
Olga - 12, mar, 2012
Es una Historia preciosa, y espero que cuando venga mi hija, y pueda leer esta historia, esté tan orgullosa de haber nacido en Etiopia como lo está Mamush.
Un besuco
Inés - 12, mar, 2012
¡Preciosa historia!!!! Y maravilloso país en el que va a nacer mi hijo/a.
ainhoavu - 12, mar, 2012
Qué historia tan bonita! Pone los pelos de punta. Mi voto para ella