La primera vez que nos vimos me miró profundamente a los ojos, con una honestidad a la que pocas veces me había enfrentado. Sentados en el patio de su casa me habló de su vida, de todas las mañana en las que pensaba que Dios se había olvidado de él, de las personas que se alejaron después de su enfermedad, cuando sus piernas quedaron paralizadas y tuvo que aprender a caminar utilizando sus manos.
Las manos de Seboka parecen mapas, conocen todos los caminos y se funden con la arcilla en la época de lluvias. Otras veces, las manos de Seboka parecen pájaros en el aire cuando acompañan a sus palabras… parecen martillos, mariposas, madera o ceniza…
Hoy el sol ha salido igual que todos los días en Gaba Kemisa, pero, para Soboka brilla más que cualquier otro, esta mañana ha recibido su primera clase de cestería, a partir de hoy, aprenderá este oficio en el centro Abay.
Le imagino anudando y entrelazando las varillas de cada cesta, me imagino su sonrisa y su voz contando historias, pero, sobre todo, me imagino sus manos como si fueran alas de esperanza y fe en un futuro que por fin se ha hecho presente.

Feyisa y su padre son ciegos, tras ser valorados en el hospital, el oftalmólogo determinó que la afectación provocada por el glaucoma (hipertensión ocular) había provocado la irreversible ceguera.
En Abay determinamos dar apoyo económico mensual a la familia mediante el Fondo Comunitario con el que se apadrinan las urgencias sociales u otras necesidades aprobadas por el Comité de Gaba.
Con Feyisa hemos “llegado tarde”… una enfermedad tratable provoca una gran discapacidad, no obstante esta misma semana hemos comenzado con el tratamiento por la misma enfermedad de uno de los bebés del programa de lactantes, esperamos que el pequeño Xifo pueda tener una buena evolución.