Leul llegó a nuestra vida de la mano de Infancia Solidaria y Abay, y con ambas queremos despedirlo.
 
¿ De verdad vino Leul de Etiopía?. Aquí, todas las personas que lo hemos conocido, creemos que Leul vino de otro planeta, de las estrellas, con una capacidad de amar y expresar ese amor envidiables, con unas ganas de vivir hermosas. ¿ Qué tierra, qué entorno, hace crecer un tesoro así?. 
 
 
Mi Leul ha sido un gran regalo de la vida, un privilegio poder tenerlo cada día y cada noche, compartiendo eso que a veces nos sabe a poco, pero que es eso, vida. Un regalo compuesto de muchos momentos que no quiero olvidar, que quiero recordar siempre. Leul ya es parte de esta familia, su familia. 
 
En este camino hemos redescubierto que, aunque algunos se empeñen en que no, el mundo sí vale la pena.  La familia nos hemos hecho más familia, las amigas y amigos más todavía, y hemos descubierto amistades nuevas que estaban a la vuelta de la esquina. Hemos conocido a grandes médicos, grandes enfermeras, grandes personas de la sanidad pública valenciana, un equipazo colosalmente humano el de Oncología Pediátrica del Hospital La Fe que tuvieron el privilegio de contar con su sonrisa, sus juegos y alegría (un recuerdo especial para el Dr. Pablo Berlanga, nuestro Pablo, difícil saber si es más médico que compañero de viaje, o precisamente es nuestro por haber sabido ser las dos cosas, y para todas las enfermeras de nuestra particular  planta 2).
 
Leul ha compatido vida con nuestro hijo de 6 años. Seguramente, él podrá escribir su historia con Leul de otra forma, la de un hermano por accidente que ha vivido todo lo que viven los hermanos de otros niños oncológicos, con sus soles y sus sombras, y sin entrenamiento previo. No todo es fácil, resulta a veces muy sencillo sentirse culpable.
 
Pero me quedo, y me despido,  con las palabras que me ha mandado una buena amiga (otra vez tú, Marga) , intentado apoyarme en mis sentimientos de culpa por lo que mi hijo pueda vivir con el fallecimiento de Leul, ese hermano inesperado, ese hijo segundo como él me decía, que se nos fue. (Pensando también en mi sobrina Andrea).
 
«Le has ofrecido a Frezer y Andrea la oportunidad de saber qué es el amor gratuito, y es una experiencia del alma que no tiene medida y que tiene dos caras, el sufrimiento y la dicha.  Tienen toda una vida para entenderlo y tejer los entresijos del alma. Lo que por amor se hace, no tiene explicación».
Te quiero, Leulito.
Con todo nuestro cariño para Mercy, esta madre valiente, esta mujer etíope, que ha dado otra gran lección de humanidad y fortaleza. Y generosidad.